Redial

Cada cierto tiempo Margot deja de frecuentar los mismos lugares que antes se han encargado de ir consumiendo los que un día recordará como sus años jóvenes, y así también, Margot cambia de genio como de gobierno cambian los niños al entrar a clase después de correr bajo el sol del mediodía en pleno recreo.

Es entonces cuando decide no dormir más porque le parece una pérdida de tiempo habiendo tanto por hacer y entonces se entrega sin reparos a la devota y ensordecedora tarea de recorrer canciones que antes han servido de himnos para celebrar la luz del verano granaíno o la esperanza estúpida de chocar de frente con alguien que le gusta.

Margot se pasa los días queriendo entender por qué duran tan poco los sábados comparados con los domingos, o en qué momento cede la vigilia y da paso al cansancio en los peores momentos – o por qué antes parecía haber una fuente inagotable de bello desenfreno de la que ella y sus amigos podían beber cada noche hasta perder el sentido y amanecer hechos ovillos sin que importase.

Margot corre en círculos recogiendo pistas; unos días doliente y conmovida cuando piensa en lo vasto que es el universo, preguntándose qué destino le espera cuando muera y estalle en serpentinas y chispazos allá quién sabe dónde, por Júpiter o Urano – con el mundo y sus peligros en el bolsillo, pensando en los himalayas, siempre llega a abrir las ventanas y las puertas sofocada por el calor de Barranquilla, que de todas las cosas en su vida es lo único que nunca cambia.

Margot intenta con todas sus fuerzas entender cómo entra el caracol a su concha, cómo hacen para viajar gratis cientos de millones de promesas por segundo en banda ancha, pero la gente sigue en las mismas, en deuda con la memoria olvidando contraseñas, cada vez todos más tiesos tumblr_ltdd5bQYpH1qd710ho1_500y a gusto bajo la sombra pixelada del puente de palabras que une desiertos, mismas llanuras también, donde los hombres caminan sin rumbo a rodeados por muros de bytes donde siembran infructuosamente sus más profundos deseos y esperanzas. Margot recuerda con emoción todas las veces que jugó al escondite americano y aquellos días en los que la gente escribía cartas a mano y tenía la entonces dulce y mala mala suerte, de llamar a una línea fija y escuchar al interlocutor inventar algo inteligente para excusar a quien no quería pasar al teléfono.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s