En común a la muerte

I

Puedes escoger vivir tu vida evitando el sufrimiento. No voy a contarte cosas que no sepas ya: la infame tristeza que acompaña puntual al domingo, siempre tan implacable y certera, parecida a veces al desamor, otra bestia despreciable cuya feroz pero imprecisa mordida no llega a ser suficiente para quitarte la vida. Luego hay otros dolores muy por encima del umbral que conozco, dolores tan temibles que más vale no pensarlos porque imaginarlos es ya morir un poco. Sea como sea, todo sufrimiento es pariente de la muerte por algún lado. Digo esto porque siempre son estas experiencias que irrevocablemente te llevan a ella de alguna u otra forma.

También puedes escoger vivir tu vida buscando el placer. No voy a contarte cosas que no sepas ya: el éxtasis desmedido de un primer beso; la resplandeciente y orgullosa sonrisa de la conquista; el veneno contagioso de la danza; el desenfreno incontenible de las sustancias; el efímero y glorioso sabor de la victoria. Y como en el caso del sufrimiento, hay placeres también que son esquivos y más vale no pensarlos porque hacerlo es morir un poco. Porque, como el sufrimiento, todo placer es pariente de la muerte por algún lado.

Screen Shot 2014-10-20 at 9.51.05 AMY si estos dos espectros sobre los que tejemos la vida tienen ambos en común a la muerte, ¿qué nos queda?

II

Puedes vivir tu vida evadiendo el sufrimiento o buscando el placer. Lo que voy a contarte hoy es que por más que intentes evadir el sufrimiento, no lo conseguirás. Seguirá estando ahí – en las formas menos sospechadas, las más triviales y las más complejas. Puedes entregarte a la búsqueda del placer: en el mundo encontrarás mil maneras de satisfacer tus deseos, de robarle tiempo al amor y acentuar tus sentidos de forma artificial o genuina, por pocos pesos o a muchas cuotas a crédito.

La cosa es que en ambos casos seguirás siendo igual de vulnerable: necesitará tu humana condición de ambas cosas -placer y sufrimiento-, nunca en poca medida, sino de forma escandalosa. Porque, como puedes ver, en ambos casos estarás muriendo un poco, y viviendo a la vez. Porque no hay mañana eterna y fragante si no ha habido oscura noche. Porque no hay beso que se dé sin estar bajando la guardia un poco; porque no hay fines de semana sin antes haber despertado sabiendo que es viernes. Porque si abrazas valiente todo aquello que te rompe, vivirás más.

III

No te prefiero más cuando estás feliz,
ni te prefiero menos cuando sufres –
y lo bueno es que
aunque estés envejeciendo y lentamente lo que te hace joven se esté deteriorando,
eso deja de ser importante,
porque lo que más me gusta de ti
es lo que más me gusta de mí –
el hecho de que aunque quieras parecer indestructible y eterno,
y el mundo entero te pida que lo seas,
tú -como yo- estás por encima de sus males,
tú -como yo- estás por encima de la presión del tiempo,
tú -como yo- estás por encima de la cultura,
tú -como yo- estás por encima de la inmediatez y la obsolescencia,
porque lo que más me gusta de nosotros
es que lo único cierto es que somos vulnerables,

eso y nada más,
¡tan bellos porque estamos de paso
y somos una coincidencia!,
y poco importa qué suerte corramos en este camino si recordamos lo que hemos aprendido:
que nada de lo que creemos ser,
ni nada de lo que creemos saber
nos define por defecto –

y que nos duela esa transitoriedad
sólo nos hace universales,
y nos regala una posibilidad,
amplia, tan amplia así mismo como el sitio del que venimos.

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