Cumpleaños

Margot cumple años y eso la ha llevado a preguntarse exactamente qué es lo que ha estado haciendo durante todo este tiempo. Lógicamente, abordar algo tan íntimo y extenso como la vida entera de alguien que se llame Margot en una entrada de blog no está entre sus planes, pero birthdayshay una sola cosa que sí ha querido rescatar de todas las que se han venido a su cabeza: las preguntas. Ella cree haber dedicado gran parte de su vida a hacer preguntas. Y dicen, quienes la conocen, que es cierto: a Margot le gustaron las preguntas desde pequeña.

Desde la norma, para ella las preguntas siempre llevan signos de apertura y cierre. Tal y como ocurre a veces con las personas, con quienes tenemos signos de apertura y de cierre según la suerte, según nuestra voluntad, según la voluntad de ellos.

Una pregunta empieza con un signo de apertura, así como todas las personas que conocemos -por mucho o poco tiempo que llevemos de conocerlas- siempre son aperturas en el terreno que llamamos memoria. Ahora bien, las características de dicha apertura son tan variadas como las opiniones sobre la utilidad de dicho signo: cuenta Margot que ha conocido personas-lata. De esas que en un principio cuesta un poco abrir a causa de no tener a mano el artefacto para dicha tarea, o bien a pesar de tenerlo, por no saber cómo usarlo.

En la memoria, Margot guarda con recelo unas pocas personas-ventana. Esas que uno necesariamente quiere abrir de par en par para dejar entrar el aire de otro mundo, o simplemente para mirar afuera y encontrar un abismo, o quizá un valle sobre el que correr raudo hasta perder el aliento y sentirse bien vivo.

Dice haber conocido personas-bolsillo, de esas a las que hay que perderles el miedo rápido a fuerza de poder hacernos con su interior aún conociendo los riesgos que eso implica, como por ejemplo ser mordida por esos monstruos que a veces gustan habitar los bolsillos-personas.

También están las personas-árbol, tan altas y atractivas, personas sobre las que uno quisiera recostarse un rato para descansar o confesar algunos pecados. Y las personas-inodoro…esas cuya tapa no siempre está abajo y cuyos usuarios a veces disfrutan dejándoles en pésimo estado.

Y las preguntas, como las personas, también suelen terminar con un signo de cierre. Si no que lo diga su fonética, que a medida que la pregunta se revela y es ofrecida, va adquiriendo otra entonación al llegar a las últimas letras, las de antes de caer al abismo. Así, de esa misma manera, las personas a su vez adquieren otros colores y otro sonidos cuando llegan al signo de cierre.

Margot piensa en los cierres-ocasos de las personas-latas, cuyo contenido permanece cautivo entre metal fundido. Piensa en los cortes y heridas que inevitablemente algunas de ellas causan cuando las abrimos con demasiada emoción. Piensa en la triste desilusión que a veces acompaña el momento en el que probamos su contenido y sabe distinto de como esperábamos.

Margot cumple años y piensa en las personas-pregunta, ese selecto grupo de seductores que empiezan con un signo y una siempre misteriosa, exquisita intención.

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