Pide, gato. Pide.

Los amigos dicen que las cosas con el tiempo, pasan, cambian, que la capacidad de sanar la da el tiempo. Entre esos amigos, también están los que escuchan y están más atentos a su entorno. Me han hablado de una forma de amor que suelo olvidar porque es la más difícil de todas. Por ejemplo, tengo una amiga que compartió en su momento una carta de amor que se escribió a si misma en un momento de inmensa sintonía con el universo. Su carta era larga y apasionada. Era una declaración de amor de ella, para ella.

Esta amiga me ha dicho, varias veces al día, que me ame. Que me esfuerce todos los días por verme como veo a quienes me es fácil querer. Que sepa que mi tiempo y mis esfuerzos son únicos, irrepetibles, invaluables. Por supuesto, todo esto me cuesta. Pienso primero en lo valioso que es que lo diga ella – a quien admiro y eso es bonito-. Pienso en cuánto me hubiera gustado tener esa idea. Pienso en todas las razones, menos en lo que ella realmente me quiso decir con eso.

Tengo otro amigo. Otra joya. Otra persona cuyo tiempo es un regalo para mí. Alguien que camina despacio y que camina en la dirección correcta. A este amigo también lo escucho. Él también me ha dicho que debo escuchar con atención. Que debo mirar con atención. Que debo estar presente.

Valga la pena decir que yo escucho atentamente a mis amigos, a todos, porque todos tienen algo qué decir – yo también he sido amiga y sé que cuando he dado un consejo he puesto toda mi atención y los sentimientos más nobles al servicio de esa persona a la que quiero con facilidad, para la que no me cuesta tener tiempo, para la que nunca es demasiado. Tal vez yo sea la amiga que nunca se escuchó a si misma, que nunca se entregó esos mismos consejos. Tal vez no, con toda seguridad – así han sido las cosas.

Tengo un amigo que es universal y se manifiesta a través de todo lo que me incomoda, todo lo que temo, todo lo que me duele. Ese amigo es en realidad todo lo que hay a mi alrededor, todo lo que sé, todo lo que entiendo. Cada cierto tiempo se queda mirándome, viendo cómo yo escojo ciertos caminos y voy cubriéndome cada vez más de razones y de palabras. Cada cierto tiempo me hace zancadilla y deja que me caiga. Mi amigo no es un Dios con formas humanas, ni reposa toda su sabiduría en los libros. Es toda la energía que me compone y que hace posible que yo esté escribiendo esto.

Cada cierto tiempo, lo siento, lo percibo. Cuando eso sucede, casi siempre estoy sufriendo. Por cosas tontas o por cosas importantes. Y siempre que eso sucede, me animo a escuchar atentamente, y a ese deseo le salen alas y se vuelve súper poderoso y entonces quiero aprender de otras personas a desaprender lo que hasta ahora he creído y me ha traído nuevamente a un punto de inflexión costoso, doloroso – pero en la misma medida luminoso y muy íntimo. Quiero aprender a escuchar realmente – a escucharlo todo, así como los maestros escuchan a sus discípulos. Así como se escuchan a si mismos.

A mi madre le traigo los consejos de mis amigos, porque sé que ella, con la sabiduría que la caracteriza y ese amor sincero, el más sincero de todos, me explica en detalle lo que cada consejo realmente trae como ofrenda. Ella lleva más años escuchando que yo. Ella, en muchas formas, todas probablemente, es como yo. No, no es como yo. Ella soy yo. Lo que nos une es asombroso. Y es lo mismo que me une a todo lo imaginable: una casualidad cósmica fuera de mi capacidad consciente.

Mi mamá dice que el tiempo es importante, pero no tanto porque haya que dejarlo pasar y ya. El tiempo no es mágico, dice ella. Mi mamá, que me ha traído promesas nuevas, que me ha hablado de vivir la vida prestando atención, verdadera atención. Mi madre me ha revelado un secreto increíblemente poderoso. Me ha dicho que pida. Que todos los días, siempre, pida lo que necesito, lo que deseo. Que eso es lo más importante.

Me ha explicado que al principio pediré cosas tontas: una galleta de avena con chocolate, unos zapatos coloridos, una camisa de flores. Me ha dicho que imagine cada cosa que pido y que pida permanentemente y me enfrente a esa incomodidad de pedir. Me muestra con ese simple ejercicio cuánto me cuesta pedir lo que quiero. Me siento extraña, me siento incómoda. Me mareo. No quiero pedir camisas de flores aunque las deseo. No quiero pedir esos zapatos tan bonitos que vi en el centro comercial. No quiero pedir. ¿Por qué, mamá?

Ella me hace hablar y pedir más. Treinta segundos eternos, pensando. Un minuto. Una linterna en mi cara. ¿Quién la sostiene? Creo que la sostengo yo. Cada vez que abro mi boca y pido, me veo a mí misma apuntándome con la linterna. Me siento muy incómoda. No sé qué decir. Silencio.  ¿Qué quiero? ¿Por qué me cuesta decirlo? ¿Por qué me juzgo tan duramente por querer esas tonterías?

“Sigue pidiendo, dí… quiero…”, dice ella y yo siento que me empuja suavecito pero con fuerza, sin haberme tocado. Y luego me recuerda lo que algunas veces ya me ha dicho en el camino: “tenemos exactamente lo que pedimos y lo que buscamos… ni más, ni menos que eso”.

Me ha costado mucho entender esa afirmación. He llegado a pensar que tal vez ella se equivoca. Lo he pensado así porque hay en mi cabeza una voz que se resiste a creer que sea cierto. Hay en mi cabeza un millón de razones e información que con la  misma perseverancia del agua que baja por un hilo sobre la roca, se va abriendo un camino y se va abriendo un espacio propio para fluir continua. Así como fluye ese hilo de agua, así fluye mi pensamiento sobre mí – sobre mi mundo de ideas, de conceptos, de creencias, de experiencias, mi todo que define mi lenguaje y que el lenguaje mismo ha definido…

El pesimismo y el recuerdo de un mundo convulso y doloroso se hace más visible. Se llena mi cabeza de razones. Hay gente que muere todos los días de forma injusta. Hay tanto dolor en todas partes. Esa voz llega para advertirme de mi ingenuidad. “¿Qué tenemos lo que queremos? No seas estúpida.” Esa voz empieza a llevarme lejos, aquí adentro de mi cabeza, de mi cuerpo, de mis manos, de mis ojos – a recordar todo cuánto he aprendido, todo cuánto he visto, todo cuánto me ha dolido. Todo ese conocimiento del dolor, de mi dolor y del dolor de todos, va borrando las palabras de mi mamá. Pero ahí, en el fondo de mí, donde quiera que ese fondo de mí esté ubicado -corazón, cabeza, vientre, manos,- ahí, en ese fondo sigo distinguiendo una promesa, un regalo, una luz inagotable y brillante que a veces se convierte en una voz familiar, una que a veces voy a buscar y no encuentro, una que a veces se cuela en mis pensamientos y de repente detiene todo lo que está ocurriendo.
Son escasos, muy escasos, esos momentos en los que me encuentro de forma fortuita con esa otra voz. La voz luminosa. La voz despierta.

Cuando me habla, semeja a la voz de mi mamá cuando me da consejos. Habla con suavidad y una inteligencia universal. Habla desde dentro de mí y a través de mi mamá, habla entre las dos, y yo me pregunto cómo es posible saber de algo tan mágico y sentirlo así. Es lo que es y ya: mágico.

Vuelvo al consejo de mi  madre: pedir todo lo que quiero. La voz despierta me dice: “No es avaricia. No es locura. No es prohibido. Todo tiene su origen ahí. Todo empieza en esa chispa. Todo está contenido en tus deseos. Si pides de esa manera, si pides todos los días, con el tiempo irás viendo con más claridad adonde realmente te llevan esos deseos. Pueden empezar como una camisa de flores, un beso que te bese adentro, un mejor trabajo…pero si sigues buscando con magia curiosa, podrás ver con claridad los deseos despiertos, y esos deseos se convertirán en una fuente inagotable de energía, una puerta abierta al corazón, un amigo compasivo, una comprensión completa de todos los misterios, una niña que habla sentada desde una flor de loto, la ausencia absoluta de necesidades, el fin del sufrimiento.”

bellchant

11.04.2016

18.11 pm

 

 

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s