million dollar men

Cada cierto tiempo
miro por la ventana y veo
hombres golpeados en su ego,
los he visto en cajas que dicen:
-macho, papá, novio, puyón, marido-
y el tiempo se detiene para que yo aprenda cuál es la fantasía cultural que envuelve a la palabra ‘ego’, a la palabra ‘hombre’,
a los músculos y venas en la frente,
a su necedad que aún así hace daño,
a esos caminos de sangre y de ira que van haciendo,
ellos – que caben en la palma de una mano,
que pierden la cabeza cuando las razones de una chica para escoger estar solas no son:

  1. oye, cachón
  2. no lo haces rico,
  3. no me das plata.

ay,
los juegos del samsara,
ese poco de las mismas historias que uno sabe que se repiten y quisiera ¡tan distintas!
lo que olvido en el camino:

que esas historias no las hacen distintas ellos,
las hace distintas uno- cómo

saliendo a jugar al sol,
dejando la solemnidad para otros asuntos,
el amor no es solemne y tiene otro lenguaje;

he visto tantos hombres con el ego herido,
perdiendo la cabeza porque no son capaces de reconciliarse
con todos sus hombres,
con todos sus puyones,
con todos sus machos,
con todos sus padres y con todos sus novios, también,

les digo:

“Mira, aquella niña que sale a jugar
la niña de todas las niñas, que observa con cuidado
que hace el agua y hace el pan
siempre maga,

siempre.”

million_dollar_man

 

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