fantasies y dick trujillo

ando buscando aquí en barrenkiller a dick trujillo, un chico alto con cuerpo y bigote de gato, dulce como las palmas de sus manos, que sabe volar pero sabe moverse bajito también y sortear las esquinas con un apetito voraz y ese par de ojos tristes y almendrados que se le van a caer de la cara y yo me los voy a robar.

le preguntó a mi amigo, que siempre está muriéndose de la risa conmigo como cuando teníamos 15 años, que dónde lo vio y a él no le queda otra que decirme que sí, el del otro día era dick en la fiesta, acompañado de una chica del futuro que parece un unicornio, y yo me pregunto qué animal sería yo, sería un jaguar o un gatito -en todo caso un felino-, ya que no en vano desde chiquita me acostumbré a la idea de que me dijeran ‘gato’ tanto que terminé convenciéndome de eso y de que andar siempre de noche buscándole la caída a la luna me serviría para deleitarme con mi corazoncito arrebatado que late y se bate debajo de mi teta izquierda como bomba molotov. tan insoportable este corazoncito nuevo y adolescente en una ciudad como barrenkiller, cuyo nombre la describe con toda justicia: ancha y desordenada, ansiosa como los niños cuando preguntan cuánto queda para llegar a la finca porque qué azare uno toda la mañana con el vestido de baño puesto, y sentado bien juicioso, en el asiento trasero del carro esperando a ver el criadero de gallinas, luego las plumitas blancas pegadas al asfalto que más adelantico se convierte, ahí doblando a la izquierda, en la subidita que corona la llegada al kilómetro treinta. “voilà la piscina, culicagados.”.

pero eso ya no es barrenkiller sino la carretera al mar que sale de algún lado de cali y van los kilómetros en ascenso y, ahora, hoy – ya no hace tantos años, ya no en cali, donde por cierto no hay mar, sino aquí en barrenkiller, cuánto quisiera que el rumor de que dick está aquí fuera cierto.

creería entonces que si hay suerte me lo encontraré este fin de semana en otra fiesta, porque aquí no hay sino fiestas y promotores, y tendrá la misma pregunta que yo y estará sin estar, acalorado como las cosas ricas y sonriéndole con esa boca a todos los unicornios, y a los peladitos que suspiran por él también, a todos nosotros por igual, a todos con esa dulzura inquietante que no sé por qué la siento en los calzones pero qué va a importar eso ya, si lo bonito es sentir las cosas y al fin y al cabo dick sabe lo que su nombre significa.

qué bueno sería hacerle caso a mi otro amigo, al que siempre me pregunta ‘y ahora?’ cuando me saluda. me armaría de valor y, bien coqueta, me le acercaría a dick con una copa de absenta, con un gin tonic, o qué más da, con un licor bien fuerte para que los ideales se le aflojen y mi voz le haga cosquillas en las piernas y en los brazos, porque el condenado de dick está tan bueno que provoca hacerle cosquillas nada más para ver si se pone bravo o si por el contrario le gusta la pendejada tanto como a mí, y con un sorbito, “para celebrar que vos también sos un gato” y un gesto muy suyo, me volvería como un boli, aguadito y ácido, a lo que luego él me preguntaría de dónde salí y yo le explicaría que soy un fragmento y muchos duelos y a continuación le confesaría mi edad verdadera porque a los gatos nos inventaron una correspondencia toda chistosa con el número siete, que también es el número más bacano de todos y el que siempre he dicho de primero para las rifas en las fiestas… y entonces pasaría una brisita para hacer justicia y recorrernos el lomo con un susurro de lo que podríamos ser los dos sin enamorarnos. lo que podríamos ser, en este mundo lleno de fieritas y bendecidos, dick trujillo y yo, sin enamorarnos.

como cuando quería a este otro pelado, también alto y también gato, con el que me colé en un cuarto cerca de la viacuarenta una noche con la barriga llena de colombias burbujeantes, (no va a creerlo usted que lee pero créame que es cierto), a sentarnos en un sofá ambos calculando las distancias entre los dos con la precisión de un puma esperando el salto que sale de lo más profundo del pecho. como con dick, esa noche yo sentía ese tamborcito oscuro y rotundo rebotando contra las paredes del cuarto y diciendo “oh cuánto me gusta estar a tu lado y pretender que no lo estamos”, completamente extasiada sabiendo que conservar la distancia puede ser aún más placentero que mandarse al tibio cuerpo de la presa que se deja devorar
primero ofreciendo el cuello,
y luego entregando los ojos antes de dejarse ir.

ya no más del pasado.
ahora,
el sol rosado y el sabor a sal del himalaya en la piel de este gato terso, las punticas de los dedos en las rodillas, el hilito de saliva entre los dedos, oh dick qué va a ser de los dos, por la sangre de buda que me consuela saber que lo que sea no durará para siempre porque me quedaría sin lengua de tanto lamerte, vos, sin hígado. los dos sin calle.

que “por qué será que el deseo se parece a la muerte”, esa sería la pregunta que tendría dick para mí y yo para él, y sabiendo bien que ya nos alcanzará, seguir resistiéndonos como con el chico de la cámara y los otros tres tristes tigres guapos de la berbetrónika esperando con devoción el día en que daft punk vuelva a darme cosquillas en los calzones como esa vez en el cuartico con el pelado al que le gustaba tanto pasearse por la orilla del deseo en ese sofá, metáfora que ahora convertiré en una discoteca a mi antojo, parecida a la casa de pisos en bogotá y se llamará ‘fantasies’ y el dj seguirá siendo el arcángel de bigote rubio y nombre de santo.

esa, la discoteca donde uno puede comerse una que otra ovejita curiosa a bocaditos.

fantasies con dick trujillo.

fantasies

ay

si dick supiera cuántas ganas tengo de chuparle la boca mientras me habla de sus recorridos por barrenkiller, que está más fea desde que decidieron llamarla ‘capital de vida’ cuando debería ser la capital de la hechicería y la arrechera.

“barrenkiller, querido dick, no quiere nada más de mí que obligarme a ser bella, a mí, que soy un gato cazador y los domingos un gato triste, los lunes un gato optimista, los martes un gato alpinista, los miércoles un gato calculista, los jueves un gato vagabundo, los viernes un gato con hambre, los sábados un gato dormilón y los domingos a la mierda con esto de ser gato y cómo apestan los adultos.”

“dick, vamos a buscar un amo fiel que nos sobe el lomo y nos calme estas cosquillas”, le digo.

“cuáles, gata, más bien vení vamos a encontrarnos en un callejón despejado
a meternos miedo haciéndonos los tontos con los bigotes untados de leche, el pelo sucio, la nariz fría y los ojitos brillantes.”

“qué tan brillantes. mostrame qué tan brillantes.”

 

 

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