a room in jupiter, a record store.

ella lleva puestas una sandalias fucsias de tacón grueso, sí, muy grueso. luego, a la altura de donde nacen los dedos, hay una franja gruesa del mismo material fucsia que recubre el tacón. sobre la franja hay flequillos del mismo tono que sobresalen un poco y alcanzan a tocarle los deditos, pequeñitos, que se asoman. no lleva las uñas pintadas, pero tiene un tatuaje pequeño, como de una cereza y unos labios, en la parte interna del tobillo derecho que cruza sobre el izquierdo y lo dejan al descubierto. todos pueden mirar dónde está el tatuaje aunque ella, ahí donde está, tiene las piernas cerradas como un cable que se enrolla sobre si mismo;

lleva puesto un jean azul oscuro y ancho con una correa negra noventera a la cintura, y un crop top negro que tiene un arco iris en la mitad. se recoge el cabello en una cola alta, rubio como es pero con un fondo zanahoria; tiene la piel muy blanca y varias pecas en las mejillas. su carita parece esculpida sobre mármol-suspiro.

yo la envuelvo toda en papel regalo que he comprado ahí arriba del fantasies, el barcito. ella canta un poquito en inglés y le suena tan bien, y se deja cubrir con papelitos brillantes picados, serpentinas de terciopelo rosa, ella, cubierta de escarcha y tan radiante, se deja envolver como si fuera una flor o una rareza, casi como un objeto de colección. ella no sabe lo que significa envuelta, cubierta y ajena al mundo, caminando sobre nubecitas.

tiene veintiún años y será bonita siempre. su hermana, que está sentada a su lado, está cantando ‘mi negrita’ de devendra banhart, un poquito con el mentón al viento y con los ojitos altaneros. me doy cuenta que le gusta mirar a la gente  y creo, más bien sospecho sentada desde esta butaca incómoda y demasiado alta, que tiene la misma costumbre que tengo yo.

se pone los audífonos y ve pasar gente, a veces con la suerte de que sin darse cuenta caminen alzando los pies al ritmo de la música y que al hacer eso ya se apague el resto del mundo y sea entonces muy fácil dejarse llevar a través del espacio de este café y los dos pasillos del centro comercial, tan llenos de gente que jamás pasará al recuerdo de nadie, mientras yo estoy aquí sentada, que tampoco pasaré al recuerdo de nadie, pensando en qué animal pueda ser la chica que envolví en papel regalo y en la hora.

‘seis-y-diecinueve’.

miro el reloj con frecuencia, muriéndome un poco cada vez que lo hago. “¿dónde nacerá el deseo?”, y salto de una cara a otra, de una persona a otra, pensando cómo se transformarán al besar un espejo, cómo se mirarán con su reflejo, y si al besar a otro tocarán su cara tanto como a mí me gusta hacerlo.

hoy jueves por la tarde pienso que hace ya varios días que al salir de ‘fantasies’, es decir, todas las noches -y ahora es peor porque parece que también me coge este vicio por las tardes-, no siento más ganas que de acostarme en diciembre, varias tardes, todas las que puedan ser, a cerrar los ojos, con un vestido a las rodillas, y la ventana abierta para que entre la brisa. tengo ganas de escucharlo entrar y que sin decir nada, se siente a mi lado y yo lo sepa por cómo huele el aire cuando se me acerca, y que ponga sus manos sobre mi cara.

quiero
esa
pequeñita humedad de sus manos y mi rostro,
quiero
el silencio de la habitación y las hojas espigadas de las palmeras rozándose mutuamente en ese distintivo sonido que siempre ronda las tierras del mar;

quisiera
decirle que sus manos huelen a playa.
que tiene los dedos salados y yo se los quiero lamer aunque tenga sed.

entonces
saco la lengua y paseo la punta suavecito y siguiendo el borde desde el que se aprecia un vacío cortito que podría parecerse a dos párpados sin pestañas. desde ahí, alcanzo a verlo downside up y no sé qué hacer pero sigo muriéndome de sed.

‘you can love, you can love, you can lose
when it all looks the same
you can love, you can love, you can lose
when you’re tired of playing’ 

me levanto y nos miramos. yo le sonrío porque sé que esta es una tarde espejo y lo único que nos interesa es ser felices. voy a la cocina y busco agua. tengo tanta sed que me bebo media jarra y entonces vuelvo a la habitación donde estábamos y me parece mentira el momento.

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Franz Erhard Walther

hay tanto que tengo que resolver – todo lo bueno me parece mentira, como a veces el amor me da náuseas también porque está de socio con El Ideal, pero qué vamos a hacer, o qué haré yo más bien por hippie, si él
sentado en su cama
me mira desde esos ojos tristes pero brillantes.

él también tiene sed, también estaba en la calle como yo, tampoco entiende qué es lo romántico del amor romántico; él también viene viendo pasar gente pensando cómo serán sus vidas – añorando el beso que ahora nos estamos dando.

pero yo
sobre él
soy un mundo absolutamente desconocido, inexplorado,
soy un gato vagabundo (los jueves,)
que es cuándo los chicos quieren envolverme en papel regalo y que yo sea un secreto también.

‘hay un secreto, ¿cierto?’, le pregunto.
y por supuesto él responde con un beso.

***

 

 

 

 

 

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