como una gorda hermosa y enorme that sits on your face.

cuando tenía entre siete y ocho años emprendí el que podría ser mi mayor logro literario: me leí todos los tomos de la enciclopedia de los niños, la salvat, si’eñor, una que tenía por ahí como unos 16 tomos si no me equivoco.

cuando supe que quería leer toda esa enciclopedia tuve que encontrar una forma realista de alcanzar mi objetivo. aunque ahora me demore mucho escogiendo un libro, lo bueno es que por ese entonces sabía que no podría leerla toda en orden porque algunos de los temas que trataban del tomo uno al tomo cuatro realmente no me llamaban tanto la atención como los del tomo cinco, ‘el cuerpo humano’, y el tomo siete, ‘el espacio’. así las cosas, decidí leer la enciclopedia entera a mi antojo, comenzando por donde me diera la gana y sin contarle a nadie, ni siquiera a mi mamá, aún sabiendo que probablemente al decírselo me estrujaría en un abrazo y me sonreiría con sus hermosos ojos caleños que parecerían como muchas hojas crujiendo bajo mis zapatos en San Antonio.

yo quería que ‘el cuerpo humano’ fuera un secreto, ¿me entiende?, incluso hoy en día quiero que sea un secreto, que la curiosidad me supere…quiero salirme de la cama cuando todos duermen a buscar ese cuerpo humano que quiero tener entre mis manos y leerlo, dormir con él entre las piernas; luego, darme cuenta que es un gato y que no tiene sueño, que no tiene hambre, que sólo quiere leerme y ofrecerse a ser leído, alimentándose de esa sustancia oscura y deliciosa de la que me puedo alimentar egoístamente en momentos así como ese con el tomo cinco,

o como estar de pie,
un viernes de madrugada tal vez,
rodeada de desconocidos en un espacio al que ya no sabemos si llamar discoteca, bar, terraza o nave especial, pero al que generalmente asistimos las personas que trabajan toda la semana añorando que llegue el fin de semana para entregarse a cualquier tomo cinco rico y mal parqueado, a concedernos más permisos de los que habitualmente nos damos…

este fin de semana probé de esa sustancia en una terraza donde la gente no tiene nombre o sentimientos sino un calor tremendo y muy pocas cosas buenas en la cabeza; y como poco me importa qué tan bueno sea el contenido de sus cabezas, me ocupé de poner en mi lengua la pastillita amarga con la que podría encontrarle sentido al tomo cinco que, como todas las cosas buenas, siempre empiezan con la instrucción de abrir bien la boca, juiciosa, para ver qué otras luces se pueden tener sobre un asunto.

¿quieres?, preguntó el chico que esperaba claramente nada más deleitarse con verme mover los labios,  a lo que yo, sin pensar mucho,
le abrí la boca y le mostré mi lengua rosada imaginando que no era mi lengua la que salía
sino la lengua del gato que me gusta
que se abre y se cierra como una puerta secreta,
y la verdad es que a partir de ese momento dejé de buscar en la estantería con libros porque está bien quedarse con los pies en la realidad un rato y darse cuenta que el tomo cinco se quedó viviendo en el pasado, donde lo leía.

yo no quiero leer,
yo quiero el cuerpo humano para hacer una fiesta,
para cubrirlo con el mío y meterlo en mi cama mientras los demás piensan que duermo. estoy, como usted y aunque no quiera admitirlo, detrás del cuerpo humano en mi cuerpo fragmentado, detrás de mi misma como usted está detrás de usted mismo esperando quedarnos a solas en la habitación para buscar el tomo siete de la enciclopedia, que es el que habla sobre el espacio y los satélites,

el que escarba en el origen,

y una vez que confiemos el uno en el otro, cuando usted ya haya bailado conmigo y me haya sonreído con su sonrisa más oscura, por ejemplo, esa que aprendió a hacer los viernes por la noche,

entonces subiré con usted al tomo siete de mi cabeza, “el universo”, que tiene una vista bien bonita,
donde tendremos todo el espacio que queramos para bailar como los gatos guapos y suaves que bailan house en conquistador sin darse cuenta de que son muy jóvenes todavía,  y que las babas les saben a dulce, como a agua con azúcar, dulces 20 años,

porque sí, usted estará también con sus treintipico -tarde o temprano- bailando también en esas fiestas de cover a treinta pesos mientras se le va espesando la saliva, y
sentirá sed porque estamos en barrenkiller y eso todavía no lo he dicho hoy,
pero es importante ‘no olvidar la ley de la fiesta y la verbena’,
Y que hay días en los que haremos caso a los impulsos más extraños y más repentinos,
como subir a un balcón con todo el cuerpo deshecho y adolorido,
Y darse cuenta cómo nos seguirá persiguiendo de por vida ese deseo implacable
y volveremos a estar en otro momento,
sin saber todavía qué estamos haciendo y por qué,
como al leer el tomo cinco o el siete, oh
por obra y gracia del peso de la cultura que es como una gorda hermosa y enorme that sits on your face.

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