ideals, don’t kill my vibes

fantasies no abre todas las noches, ni recibe a cualquiera. hay muchos que asoman la cabeza y el viaje de las luces bajitas, los unicornios y los cuartos de papel los espanta. nadie quiere ser visto en la entrada porque a todos les preocupa lo que luego pueda decirse: el que frecuenta tales lugares no puede tener una vida digna guiada por los principios. pero lo que la gente debería saber es que prefiriendo ese otro restaurante-bar de la esquina, la Ideal, ahí donde sirven esos platos tan bonitos y tan caros van realmente es a intoxicarse con cocteles flojitos y conversaciones estreñidas.

dick anda arrastrando la cola porque está aburrido; en la ciudad no hay más que patas de rana para cenar y puertas que dicen ir para abajo pero todo sube, oígame bien, todo sube, en especial los precios y las esperanzas de que venga otro u otra y pague la cuenta porque endeudarse es lo que hacen los viejos, y si mi viejo se endeuda, me endeudo yo, todos nos endeudamos, qué más da.

salen pocos gatos a pasear de noche – porque barrenkiller tiene sus temporadas del año que solo están para ver negocios fracasar; en especial las heladerías y las propuestas sanas, que están en todas partes, y las pizzerías, y así, todos comiendo tranquilos cuando mal hace otro en esgrimir una razón obligada, o sea una de old parr o something special, y volviendo al año y sus estaciones en esta ciudad, se cancelan fiestas por el parte meteorológico o por el afán de asociación de los promotores, y mientras tanto todos pensando en ser gatos en berlín o en barcelona y los gatos de allá añorando revolcarse en cualquier tierrero de puerto, felices, como perros playeros costeños, haciéndole justicia al encanto de querer encontrar una ola en las mismísimas calles y no en la playa, cosa que puede pasar a la altura de siete bocas cuando el cielo se pone ácido y no para de llover aguagris de esa.

los miércoles todos empiezan a preguntarse qué fiesta habrá y quiénes irán – todavía las cosas se manejan acá como si estuvieran organizando una miniteca a cuotas y hay algunos que hacen de cuanta maroma quepa para que les regalen una entrada.

y esta nena que no hace sino imaginarse bien rico desde el jueves la siesta que se pegará el viernes al salir al trabajo, justo antes de salir a mirar gente, un poco antes de jugar a ponerse pistas y dejarse coquetear virtualmente con ‘me gusta’ y corazoncitos rojos de bits porque es tan poca la valentía de acercarse a la orilla del otro que muchos prefieren saludar desde sus cómodos balcones vip-messenger o palco-mensajeprivado…

esta nena, este trofeo de linfa que exuda fantasía y mueve los ojos como una gata, a veces tiene 13 años cuando la dulzura se le empieza a salir, por andar comiendo poco y alimentando sueños con jazz, muchos besos y una voz que susurra una canción. otros días tiene 16 y le acaban de partir el corazón, no las palomitas que se acercan a comer de su mano, sino los ideales. siempre los putos ideales minando las esperanzas, los ideales putos que acechan siempre cuando estamos en los únicos lugares donde quizás somos.

“¿quién eres tú y por qué estás tan triste?” pregunta al aire;

yo soy el ideal que trae todo lo que no has perdido pero no está más a tu alcance y proyecto todo lo que hubieras sido, lo que él hubiera sido.

 

 

 

 

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