carta al joe y a las estrellas

Querido Joe,

Algo está pasando en Barranquilla, en tu ciudad “bella y encantadora”, a la que le regalaste su mejor himno, esa a la que hoy y siempre cantaremos “con gratitud y amor” como lo hiciste tú. Verás, yo como tú, tampoco nací aquí. Llegué a “mis 9 primaveras”, por los caminos que el amor llevó a mi madre a recorrer. Podría extenderme contándote anécdotas y recuerdos que atesoro en lo más profundo de mi corazón, pero te escribo por una razón distinta. Vivimos tiempos extraños, viejo Joe, tiempos en los que las cosas ocurren a una velocidad vertiginosa y lamentablemente las opiniones se suceden incluso a opiniones que superan la velocidad de la luz.

Debo admitir que no siempre vi a Barranquilla como cantas tú, “tierra linda y tropical”, pero tuve que recorrer mi propio camino lejos de ella para comprender como tú, que “pa mi dios que yo le pego a quien denigre de esta raza”. Fue estando lejos de “la mejor tierra antillana” que comprendí mi amor por ella, por tener la capacidad de ser linda, caótica y auténtica, porque me di cuenta que esa misma esencia permanece intacta en los corazones de todos los barranquilleros que conozco y porque además, esta, también es hoy como lo fue para ti, y lo seguirá siendo siempre: “mi patria chiquita que me apoyó”.

Conocí otros lugares de indescriptible belleza y riqueza allá donde fui, pero ninguno ha logrado conmoverme tanto como este. Sé, aunque no puedas corroborármelo en persona, que muy seguramente tú también sentías lo mismo cada vez que regresabas, así como debe ser el sentir de muchos de los que hoy regresan. Seremos, los dos tal vez y todos los que han vuelto, como la “Juanita” de Esthercita Forero: habremos dicho “que no volvíamos”, pero siempre volvimos “con una maleta cargada de lejanía”, siempre “regresando otra vez a nuestra gente, y a nuestro pueblo”.

Volví, y ahora sí regreso a tu himno, a esta tierra “donde la gente es tan grata”, a esta “puerta de oro y de la salsa” que tuvo a bien regalarme tantas cosas: me enseñó, como cantaba otro grande, José María Peñaranda, que “la camisa es la camisa, el cuello siempre es el cuello, la corbata es la corbata y aquello siempre es aquello”. También, diría mi mamá que su hija “se viste arrebatao”, que le gusta “rumbear todo el año, todo el año sin parar”, y todo es cierto.

Hoy, nuestra Arenosa, “de gente acogedora”, necesita que los que la queremos y la sentimos nuestra hagamos honor a todas las cosas buenas que hay en esta tierra. Son tiempos difíciles pero también buenos: no ha dejado esta “gran sociedad”, en ningún momento, de trabajar con amor y compromiso porque su “nombre pa nosotros significa la esperanza de la vida”.

Tú, que estás allá en el cielo más bacano de todos, porque estás con Esthercita, José María y todas las constelaciones de estrellas que nos cuidan y que son de Barranquilla, ya sea de nacimiento o no, mira pa’ abajo y junto a ellos, mándanos todas las cosas buenas a “las calles de nuestra nueva Barranquilla, doradas por el sol y las arenas”…

Recuérdales: “en Barranquilla te quedarás, qué bonita es la Arenosa, Barranquilla es tu ciudad”.

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