lo rico necesariamente tiene de loco

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si usted siempre ha sentido curiosidad por los cursos de filosofía o, en su defecto, por las chicas que deciden estudiar filosofía, si usted va a panamericana y tiene que tocar todos y cada uno de los pinceles y luego cuando nadie mira, le sobreviene un sentimiento exquisito al pasárselos por los labios, si usted luego se agacha y piensa que no sería mala idea comprar esos arbolitos diminutos que compran los estudiantes de arquitectura para sus maquetas, si usted disfruta untarse el bigote con la espuma del café o de babas, si también disfruta cosas extrañas como meterle los dedos morbosamente a las cremas faciales a falta de no poder meterlos en otros lugares;

si usted llora como un imbécil de sorpresa o por culpa de una sobreabundancia que le invade el alma, que es como un murmullo que le recuerda ‘estás viva’;

si usted piensa que todo en este mundo tiene que ver con la música, que todo pasa por la música y que nada escapa a la música, y decide aprender tantos idiomas como sea posible y escuchar cuanta música sea posible, y si en esa búsqueda siente que el tiempo no le va a alcanzar, pero no importa porque usted sabe que lo que se propone es imposible, y usted se empeña en querer hacer imposibles-posibles o en conseguir que su mamá salga a dar un paseo por el mundo agarrada de su mano; si a pesar de todo lo que usted desea y no llega, usted acude siempre a la música, vuelve siempre a todo lo que le pone los pelos de punta, si se avienta como un loco temerario al amor, si usted lee a andrés caicedo y no puede evitar querer salir de ronda con semejante pinta por la ciudad, si usted dice cosas en voz alta en medio de desconocidos sólo para ver sus reacciones, si usted se hace preguntas importantes mientras hace cosas insignificantes, o piensa cosas insignificantes cuando hace cosas importantes, si usted para dar abrazos cierra los ojos, si se tropieza con frecuencia y camina extraño, si usted siente que definitivamente llega lejos, muy lejos, contemplando cómo se mueve esa boca, si para usted amar equivale a un deseo incontenible por lamer y apretujar, si se le hincha la boca de andar soñando besos, ay, si usted aún está leyendo todo esto,

cruce la orilla, cruce la orilla.

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